Calidad asistencial al final de la vida

El lugar de fallecimiento es considerado un indicador de la calidad de la asistencia sanitaria al final de la vida, considerándose que el hospital de enfermos agudos no es el lugar más adecuado para morir.

El hospital es el lugar en el que en nuestro entorno fallecen la mayoría de las personas a pesar de que es conocido que la mayoría prefieren morir en su domicilio. Según una encuesta del CIS, sólo el 17.8% de la población española preferiría morir en un hospital, frente a un 31.9% en un centro especializado en enfermos terminales y un 45.4% en su propio domicilio. No observamos diferencias significativas respecto a Andalucía, excepto que en Andalucía es menor el porcentaje de personas que optarían por un centro especializado en enfermos terminales. Frente a estos deseos, sabemos que el 61% de los fallecidos en Andalucía lo hacen en el hospital y que hay una diferencia muy importante de unas zonas a otras: mientras que en algunos distritos sanitarios el 42% de los fallecimientos ocurren en el hospital, en otros llega al 73%.

El Population-based study of dying in hospital in six European countries estudió la proporción de muertes que ocurren en hospitales en diferentes países europeos a partir de los boletines de defunción y su relación con características demográficas, epidemiológicas y servicios asistenciales. Se observaron diferencias con unos valores extremos del 33.9% en Holanda (donde es mucho mayor el porcentaje de fallecidos en residencias) al 62.8 y 62.5% en Gales y Suecia.

Las diferencias fueron explicadas en parte por la disponibilidad de camas hospitalarias y especialmente por la disponibilidad de plazas en residencias. Las diferencias entre países eran mayores en las personas de más edad y en pacientes de cáncer.

Es posible que estas diferencias sean consecuencia de una desigual disponibilidad de recursos hospitalarios y de residencias para personas mayores, diferentes políticas de admisión, protocolos y procesos asistenciales de atención a enfermos terminales, así como una distinta valoración en cuanto al hecho de fallecer en el hospital. A esto habría que añadir las dificultades inherentes a la comparabilidad de datos estadísticos de distintos países.

No sabemos cual sería el porcentaje adecuado de fallecidos en hospital, pero su conocimiento y los factores que lo determinan puede ayudar a mejorar la calidad asistencial al final de la vida.

Actualización 27 de abril: Indicadores sobre atencion sanitaria al final de la vida en el Dartmouth Atlas Project. http://goo.gl/gW22o

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