Salud Pública, Género y Ética

Salud publica etica genero
Saison Sèche

En las últimas décadas ha habido avances notables en la inclusión de la perspectiva de género en la investigación y práctica de la salud pública, siendo más que evidente su papel como determinante de la salud. Esta inclusión no es sólo un avance instrumental para promover la salud y el desarrollo, sino también un  avance en la equidad y justicia social para todos.

Estos avances no han alcanzado el mismo nivel de desarrollo en todas las áreas del conocimiento. En las que menos se incluye la información sobre sexo o género es en la de investigación biomédica y en la de servicios de salud. En la investigación clínica se ha incorporado el sexo, pero no el género y en la investigación sobre la población, es en la que más se incluye tanto sexo como género.

A pesar de ello, siguen produciéndose sesgos en las distintas fases de la investigación y desarrollo de intervenciones en salud pública, fruto de la persistencia de valores contrapuestos, lo que crea problemas éticos.

El sesgo de género en investigación, puede ocasionar problemas relacionados con el principio de autonomía, pues si no se generan resultados diferenciados, las personas no pueden tomar decisiones adecuadas basadas en el conocimiento: además, se produce el daño de tomar decisiones basadas en resultados erróneos. La persistencia del sesgo priva de beneficios potenciales a la sociedad, y se lesiona el principio de justicia, perpetuándose las desigualdades, y distribución no equitativa de las cargas soportadas, lo que afecta a la justicia distributiva.

Otros principios contemplados en la Ley General de salud Pública son igualmente afectados por el sesgo de género: el principio de pertinencia, asociado a la justicia distributiva; el principio de transparencia (ampliada a la participación) en la toma de decisiones, lesionado con la desigual participación por género en los órganos de decisión; o el principio de precaución, influenciado por la desigual percepción de riesgos en función del género, especialmente en aquellos aspectos asociados precisamente al género.

En los últimos años, las agencias financiadoras de investigación han ido incorporando el análisis de género en la evaluación de proyectos; disponemos de evidencias sobre el efecto positivo que estas políticas han tenido en diversas instituciones, aún teniendo estrategias distintas (para mejorar la equidad, en USA se prima la diversidad de los equipos, mientras que en Europa se prima la inclusión).

El desarrollo legislativo para reducir las desigualdades y las políticas sociales, ha mostrado ser útil en la mejora de la salud y disminuir las desigualdades en salud asociadas al género.

Además de en estas iniciativas legislativas intersectoriales, se han observado beneficios igualmente con la legislación específica de salud pública. A este respecto, en nuestra ley General de Salud Pública, nos encontramos referencias al género en el principio de equidad (Art. 3. a), y en la prohibición de discriminación entre mujeres y hombres en las actuaciones de salud pública, de acuerdo a la Ley Orgánica 3/2007 (Art. 6.2).  

Pasando de la legislación al plano estratégico, podemos tomar los planes de salud como referencia. La inclusión de la perspectiva de género es limitada, con importantes diferencias entre países; los avances en su inclusión en el análisis de situación, no siempre se acompañan de propuestas de medidas de intervención. Este fenómeno se observó también al comparar los planes de salud de las Comunidades Autónomas hace más de una década; sería interesante ver cual es la situación actual, después del tiempo transcurrido desde que se aprobó la Ley General de Salud Pública; posiblemente nos llevaríamos sorpresas negativas dado el insuficiente desarrollo de  esta Ley.

Se siguen encontrando dificultades para la incorporación de la perspectiva de género en las intervenciones en salud pública, a pesar del amplio conocimiento sobre el género como determinante de la salud. Las estrategias de transferencia del conocimiento están sumarizadas en acciones concretas sobre la investigación y acción sanitaria, las iniciativas políticas y la intervención comunitaria.

Por si es necesaría aclarción, los conceptos básicos (en este enlace están definidos otros conceptos relacionados):

  • Género:Se refiere a los roles, comportamientos e identidades, socialmente construidos, que son asignados a mujeres, hombres y personas de género diverso. El género influye sobre la manera en que las personas se perciben a sí mismas y a los demás, en cómo se comportan e interactúan, y en la distribución del poder y de los recursos en la sociedad. El género es conceptualizado generalmente de forma incorrecta como un factor binario (mujer/hombre). En realidad, hay un espectro de identidades y expresiones de género que definen cómo los individuos se identifican a sí mismos y expresan su género.
  • Sexo: El sexo se refiere a un conjunto de atributos biológicos en humanos y animales que están asociados con características físicas y fisiológicas que incluyen cromosomas, expresión génica, función hormonal y anatomía reproductiva/sexual. El sexo se categoriza generalmente como hembra o macho, aunque existe variación en los atributos biológicos que constituyen el sexo y en cómo esos atributos se expresan.

(Notas para el encuentro de SESPAS – Fundación Grifols “Salud pública, género y ética”)

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